Cicatrices que no se borraran nunca




Puedes
sentirte solo en medio de un montón de gente, puedes desconfiar de lo
que siempre has tenido como vida, puedes ser la persona que enloquezca y
quite la rabia con su muerte, o puedes ser quien sufre la muerte de
alguien que se ha ido.
Son esos días en los que piensas en el sí y
en el no, en el puede, en el quizás. Piensas en el pasado que viviste
el presente que vives y el futuro que te mereces. Es fácil ocultar
lágrimas bajo la lluvia, y sonrisas en la oscuridad. Es fácil sentirte
identificada con una canción que crees que la hicieron mientras miraban
tu vida al milímetro.
Cuando te sientes así, quieres estar solo.
Puedes escribir, pero las lágrimas lo impiden porque poco a poco se
acumulan en los ojos sin dejarte ver. Te tumbas esperando dormir,pero no
puedes dormir si no quieres soñar. Te das cuenta que los “para siempre”
pueden durar solo un segundo y esperas que ocurra lo mismo con el
dolor. Es .. mucha gente y pocas personas las que te rodean, gente que
quiere que sufras para ver cual es tu límite. Pero tu límite eres tú.
Dicen que no es justo pagar el dolor con la misma moneda. Yo no lo veo
así, es un dolor dulce el ver que la sangre sale de tus brazos, es un
sentimiento que no duele pero libera. Una forma de desahogarse que pocos
aceptan y menos comprenden, pero también es una forma de desahogarse
peligrosa, ya que puede convertirse en costumbre. Son.. gestos suicidas.
En esos momento piensas si ya está, si este es el fin, si ha llegado tu
hora y mereces morir. Piensas que si lo haces, habrá venganza, aunque
sea por unos minutos, en los que los que te han hecho tanto daño se
enteren de que ya no estás y se sentirán culpables. La venganza, bonita
venganza, dulce y jodida venganza. Por tu culpa casi me quito una vez la
vida. Pensé que así me vengaría. Pero en verdad .. tuve miedo. En
verdad.. me dolió. En verdad .. fui cobarde y paré. Pensé en los planes
que tenía a los siete años: imaginaba vivir aventura, practicar la
libertad y vivir a mi manera. Pero soy débil, y los débiles nunca dejan
de luchar, mientras que los fuertes cuando pierden, se rinden.
Cuando
estoy sola, bueno, me siento sola, y triste o abandonada, la cuchilla
es mi amiga, es la que me escucha y me da un par de cortes para que
espabile y vea que la vida es algo más que los malos momentos. Quizá por
eso después de dejar futuras cicatrices sonrío.
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